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SÍ, FELICIANO.



Jan 23rd, 2007 - 6:01 PM
C*

* SEAMOS FELICES ¿CREYENDO EN LAS PERDICES?


“Triste de ti Feliciano, estoy de acuerdo contigo: sea no obstante la Alegría, la tuya y la mía, y la de su señoría” –C. C.-

A la felicidad no hay que obligarla, ni siquiera invitarla a que venga a nuestra puerta, llame y pase. Tampoco, desde el consejo –no sé si exactamente mío-, habría que darle una copia de nuestra llave para que abriese la cerradura y entrara cuando quisiera, no, que eso quedaría poco natural y descarado. Sencillamente, la puerta de nuestro Corazón debería estar siempre abierta para ella, sin necesidad de cerradura y de llave, para que pueda entrar, ahora sí, cuando lo crea oportuno, y a poder ser sin que nosotros, ya activos o más o menos contemplativos, nos enteremos de que ella acaba de entrar y la tenemos que saludar.
Probablemente, no otra cosa que el anhelo de LO feliz es lo que nos mueve a todos en este mundo: movimiento de nuestra conciencia por ello, movimiento de nuestros actos para ello. Ahora bien, será mejor que la felicidad no sea objetivo ni meta directos a conquistar en nuestras vidas; que no sea “orden del día” impaciente desde la obsesión por lo placentero a la voz de ya.
Damos por hecho que la puerta ya está abierta para La Felicidad -¿si o no?-, pero mientras tanto son muchas las cosas, las tareas de reflexión y acto que tenemos que ir haciendo, y es aquí en este asunto donde tendremos que tener en cuenta *voluntades y valores* que habrán de empujarnos a la vez que orientarnos, y no precisamente en cuanto personas únicas y con ombligo individual. Es aquí donde, en un plano o en otro, habrá que comprometerse con lo que nos rodea, y el protagonista principal que nos rodea habrá de ser *los demás*, empezando claro está, por los más próximos (véase próJimo). Esto supondrá que, en cuanto voluntades y valores a sembrar, en uno u otro grado será inevitable un sacrificio y un esfuerzo, con sus consiguientes desaciertos e incomprensiones, y por lo tanto insatisfacción y frustración, y tantas veces tristeza y sufrimiento. Comprometerse con uno mismo y con los demás desde unos valores, en principio, ya supone dejar lo inmediatamente feliz y placentero a un lado: LO feliz entonces será lo que tenga que ser, incluso podrá llegar a ser consecuencia misma de lo que hayamos sabido y querido poner en el asador de nuestros compromisos, ya en los tú a tú de lo directamente sociable como en lo más público y general de lo organizadamente social.
Todos queremos ser felices. También el que atraca un banco (“y desde un banco”), o un asesino sin más, actúan así desde el sempiterno deseo de lo feliz, todo lo errónea y perversamente que queramos desde nuestro universo de valores, pero así es. No cabe duda que, a lo que más puede conducir la OBSESIÓN por lo feliz es a bunkerizarse en plan egoísta, incluso a muchos de los que más razón tienen en su derecho a ser feliz, debido a su status de infortunio afectivo o material, les llega a ocurrir lo mismo, y más en un sistema social tan neuróticamente dispersador y “tentador”como el actual.
Todos queremos ser felices, aunque al hombre de VALORES no le preocupa especialmente su felicidad, quizás porque desde el desasosiego de su espíritu, ya sabe cómo ir bebiendo de la dicha que le va brindando todo un mundo interior suyo, y desde la que es capaz de saber preocuparse por la de los demás, creando o ayudando a crear COMPRENSIÓN, AFECTO, AMISTAD y COMPASIÓN; y creando (en soledad, si es preciso) siempre BELLEZA, desde arte, ciencia, palabra, pensamiento y aventura para el mundo.
Podemos decir para entendernos, que todos tenemos “DERECHO” a ser felices, pero por si acaso, será mejor que no nos dé el ataque de salir a gritarlo manifiesta y pancarteramente por ahí, exigiéndole a la sociedad, al Estado y sus mil variantes de Poder, algo así como: “¡Queremos la felicidad, que somos mayores de edad!” -¿se imaginan?-; pues cuidado, a veces parece como si las cosas hoy en día, en este nuestro hedonista y sobreprotegido mundo de bienestar y consumo consumado, discurrieran en este sentido. Aldous Huxley, en su novela de ciencia-ficción “Un mundo feliz”, ya atisbaba con lúcida y profética filosofía de lo político-social , a verlo así.
Pues eso.
“Yo no busco la felicidad, la vida es más noble” –Bernard Shaw-

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